Habéis oído alguna vez el timbre de la puera de vuestra casa mientras comeis en familia?
-"Ding-dong"
El silencio cae en la conversacìón y la anula
Todos levantan la cabeza y dirigen la mirada primero al anfittrión. El abuelo.Después entre los comensales.
-¿Esperamos a alguien"?
La respuesta negativa de todos acrecienta la tensión.
El deseo de que el abuelo recuerde que, efectivamente , le han de traer algún paquete, se diluye en un instante, cuando insiste en que no esperamos a nadie.
Sea quien sea la visita se hace inoportuna y todos esperan el siguiente paso. Alguien tendrá que abrir la puerta.
-"Ding-dong"
Un voluntario, con ademán de fastidio, valentía y arrojo -que nadie ha tenido,aquí estoy yo- se levanta , arruga la servilleta que abandona en la silla y se ecara a la puerta. Paso decidio. A pecho descubierto.
-"Mira antes "
-"Pregunta quien es"
Silencio en el comedor.Pasos del voluntario. Decisión al abrir. Cerrojo.Goznes.Grave silencio.
-"Perdón . Este es el tercero primera??"
-"No. Es la puerta de enfrente"
-"Oh. Perdón,de nuevo"
El voluntario, centro de miradas, entra en el comedor. Retoma su servilleta, abandonada. Su montera.
Anuncia lo ya sabido
-"Se equivocaban"
Cubiertos que suenan sobre platos.
-"Ya me extrañanba a mi"
-"Ya era raro ,pero.."
-"Quien quiere repetir?"
Y es que cierto temor a lo imprevisto, salir del camino trazado, lo no escrito, la sorpresa, lo desconocido, el acecho,lo inesperado nos es insoportable.
Desconocer el segundo siguiente nos debilita.
Es nuetra novela negra inmediata:
-"Ding dong"
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario